Srebrenica: otra matanza al cajón del olvido
En Srebrenica el contingente holandés de la ONU dejó pasar a los Serbios para que perpetrasen una matanza discriminatoria (genocidio) con los musulmanes que allí se encontraban. La sentencia de la CIJ así lo recoge, aunque no ve ningún culpable en el asunto: «la
decisión de matar a los varones musulmanes en Srebrenica fue tomada por
algunos miembros del ejército de los serbios de Bosnia, pero sin el
control efectivo de la entonces República Federal Yugoslava» (Diario de Navarra).
Hace tiempo se juzgó a los generales que resolvieron matar a 8.000 musulmanes por su cuenta y riesgo, y ahora la pregunta pasa por ver si esa sentencia anterior fue suficiente. Uno de los papeles estelares en la cuestión es el de Holanda, un país a veces tan aséptico que da pena. Holanda, cuna del cineasta Theo van Gogh, asesinado hace un par de años por extremistas islamistas, nunca ha sabido mirar a la cara al pasado.
Dejando a un lado su vergonzosa actuación durante la ocupación nazi que le ha costado tanto reconocer (véase El Libro Negro, de Paul Verhoeven, o léase la "Postguerra" de Tony Judt), los países del Benelux siempre dan la impresión de querer quedar bien con todos. Quizá cuando Holanda dejó pasar a los serbios en Srebrenica sólo quería quedar bien con los genocidas. Quizá su gobierno pensaba que, en un estado de guerra, cosas como esa no trascenderían. Pero nos enteramos.
Y ahora cabe preguntarse qué demonios hacían en Yugoslavia los holandeses, cuya misión fundamental, su objetivo máximo, ya dilucidado hace tiempo, era textualmente "la seguridad de los soldados". "Entonces que se queden en casa", responderán los hijos, los hermanos, los padres de los muertos, justificadamente.
No es una cuestión de moral lo que se está debatiendo en La Haya estos días, sino de política. La decisión de eximir de culpabilidad a Yugoslavia y su Gobierno no es una decisión libre de connotaciones políticas, pro U.E. y pro Balcanes. Y en aras de solucionar el enorme problema de Kosovo.
Algunos han dicho que la decisión se parece a la que hace unos días tomó el Gobierno de España con respecto a la situación de De Juana Chaos. Yo creo que no son compatibles, porque De Juana es un hombre que ha cumplido su condena hace tiempo por esos 25 asesinatos (al margen de que la duración de la misma nos parezca mucha o poca) y, en cambio, en Yugoslavia nadie ha pedido perdón por la barbaridad, por el horror y el desquiciamiento moral y humano de Srebrenica. Parece que todo el mundo se contenta con pasar desapercibido: es una especie de miedo a emponzoñar el pasado el que, en realiad, aliviaría el presente.
